El correo más duro




Paulo se sentó frente a su computadora al ser alrededor de las 7 de la noche. Había sido una semana dura de trabajo, pero a él no parecía importarle. Su pensamiento estaba clavado en ese correo que desde hacía una semana necesitaba escribir, y que el miedo a perderla había frustrado, trabando sus dedos cada vez que lo había intentado, deshaciéndose en palabras que no encontraban la forma de convertirse en letras detrás de la pantalla.


Eran las diez de la noche de ese viernes, y luego de hurgar por todos los rincones de la internet, revisar su correo al menos cuatro veces, y beberse tres jarras de coca cola, al fin se decidió a abrir el maldito documento de Word, respiró muy profundamente, y comenzó a escribir la carta con que marcaba el fin o el inicio de la que podría ser la más importante de todas sus historias.


Tenía al menos dos años de conocerla. Y casi el mismo tiempo de quererla. Fue como el golpe de dos personas algo perdidas que s encuentran sin querer y se quieren sin encontrarse. No fueron nunca más que “amigos especiales”, pero eso ya le quedaba corto a Paulo y su corazón de soñador, al que había sorprendido en los últimos tiempos pensando muy frecuentemente en Ligia, la destinataria de la carta más dolorosa que hubiese escrito hasta el momento.


En sus primeros días de amores, Ligia y él ni siquiera se tocaron. Se gustaron desde un principio, sus risas hicieron eco paralelo en cada café que tomaron juntos, y esos últimos abrazos de despedida parecían no querer terminar. Pero no acababan en beso húmedo, sino en un “tal vez la próxima..tal vez la próxima”


Sus vidas eran un desastre, pero la amistad fue ordenando los ladrillos caídos, y sin darse cuenta, casi imperceptiblemente, se atraparon el uno al otro en un amor sin “te quiero”, sin besos y sin cercanía.


Pero sucedió que un día ambos dieron el paso. Ella temblaba en sus brazos, desechando todos sus dolores en los labios carnosos del hombre que la rescataba cada mañana y cada noche dentro de su cabeza. El por su parte, fue cediendo un poquito cada día, sin enterarse de que su corazón a prueba de balas cada día la necesitaba más, cada día la sentía explotándole más fuerte en la aorta y rebanándole el pecho en suspiros de cabellos negros rebeldes.


Pero ella no estaba siempre con él. Se pensaban mutuamente a cada instante, pero cuando dejo simplemente de quererla, y comenzó a necesitarla, se dio cuenta de que tan enormes se le hacían los espacios en que ella estaba desaparecida de las imágenes. “puta, es que seguro me estoy enamorando…”


Y con esa revelación, y en medio de varios días en que ninguno podía avanzar un poco más de lo que hasta el momento habían conseguido, desangró sus yemas en una carta extensa, larga y sincera, con todos sus dolores y amores refritos a la vez en una sopa extraña, de gusto agridulce y apariencia incierta.


El lo sabía. Este era el punto en donde aún podía volver ileso y verla por el resto de sus días con cariño, como alguien que no fue pero que dejó cosas lindas en sus pequeños momentos de amor. Y si daba el paso, era el definitivo, y si seguía adelante, era con ella por completo, o sin ella y feliz.


No podía decirle las cosas de frente. Las palabras se le hubieran perdido en un abrazo, en un beso de esos que nublan lo que se quiere decir. Ya no era inmune a sus caricias pidiéndole calor. Ya estaba casi perdido, y si era su destino caerse, al menos quería saber en donde lo haría, que las cosas inciertas nunca fueron de su agrado.


Al finalizar la carta, su alma era otra. Pudo sonreír, y dejar la incertidumbre que lo tenía tan mal. Copió el texto en el espacio en blanco de su correo, digitó la dirección, y colocó el cursor en el botón de “enviar”.


Tardó unos segundos, aspiró el humo de su cigarro, y titubeó antes de dar el clic final. Que mierda, pero si no lo hacía, las cosas no solamente seguirían iguales, sino que aparte tendría que enfrentarse con la cobardía de no haber afrontado las cosas a tiempo. Y Ligia sabía muy bien que él se estaba desbordando, e hizo algunos intentos por contenerlo, pero para el viernes en la noche, el derrame se hizo inmenso, tan liberador como un orgasmo. “aunque duelan estas palabras, carajo…”
“no soy tu prioridad. Y tal vez nunca lo sea. Así que entiende muy bien que en este momento necesito mi vida hecha de silencio, incluso el de tus palabras, para crecer y descubrirme. Por eso sé que necesito alejarme, que me esperan grandes cosas y necesito estar preparado para ellas. Y vos también. Debes sentarte y reflexionar sobre quién soy yo y que significo dentro de tu alma. Y si algún día quieres romper mi silencio, quiero que sea con una respuesta definitiva, y no con un tal vez. Ojalá esa respuesta fuesen las mismas palabras con las que yo te pienso en cada momento:

TE QUIERO!!


El correo estaba enviado. Y Paulo sonreía. Se durmió con el sueño del niño recién amamantado, y despertó hecho hombre nuevo, sin ella que le pesara, y dispuesto a trazar de nuevo los caminos que quería para su vida. Respiraba tan libre, y era tan feliz en su soledad sin dolores, que hasta se hizo a la idea de una vida sin la mujer que estaba comenzando a amar. Que rico es quererse tanto como para no temblar de miedo en la soledad.


Al ser la tarde del sábado, había pasado el mejor día, y el más tranquilo de los que recordaba en los últimos meses. Y casi que comenzaba a olvidar la causa de los dolores del día anterior, cuando un mensaje apareció en su celular, y movió todo lo que en unas pocas horas había construido:


“No sé si mañana amaneceré otra vez!

Ni siquiera si llegaré al anochecer de hoy!

Puesto que no tengo segura ni la próxima hora,

he decidido no desaprovechar ni el más mínimo momento

y decirte que…

TE QUIERO MUCHÍSIMO!!

Quien sabe

tal vez más tarde ya no pueda decírtelo!!

Has sido importante en mi vida,

Lo eres y lo serás mientras mi pecho continúe respirando!!”



Paulo esta vez no sonrió. Su risa se convirtió en carcajada, y rápidamente contesto las palabras que había deseado desde hace tantísimo tiempo:


“Pues entonces, Ligia, creo que es tiempo de que comencemos a respirar a un mismo ritmo”

8 Se han dejado perfumar:

Terox dijo...
7 de septiembre de 2008, 12:08

Vaya... qué relación más actualizada... e-mail y msg... entonces... ¿vivieron felices para siempre?

Capitán Melcocha dijo...
7 de septiembre de 2008, 15:37

mae, no se decirte. Digamos que sí. Todo es cuestión de que tan fuerte era el amor

SarksTico dijo...
7 de septiembre de 2008, 15:59

Que todo sea bueno para Ligia y Paulo.. ya eso es suficiente!! me gusta este post!!!

La Morada dijo...
7 de septiembre de 2008, 19:25

Me enamoré del post! Esas historias de felices para siempre normalmente me parecen, mmm... como decirlo, para vomitar, pero esta me encantó Capi!!!
Una genialidad!!

Dichosos Paulo y Ligia, debe ser envidia lo que me dá... je je

Un abrazo Capi! Feliz Semana!

nea dijo...
8 de septiembre de 2008, 7:08

Ay mi capi, está real, bello real, bell real con un final feliz, ojalá todo fuera siempre así!

Amorexia. dijo...
10 de septiembre de 2008, 8:01

Hermano mio! si vos sos un escritorsazo! dejate de varas y tirate definitivamente al ruedo, que andas volando!

Gran texto la historia de emos! (jajajaja no sé por que me parecieron emos desde el primer párrafo jajajaj)

Saludos y un abrazo.

misantropeli dijo...
10 de septiembre de 2008, 18:18

Ummm yo creo que si fueron felices para siempre jejeje. No puedo eviatrlo tiendo a ser positiva con las vidas e historias de los demás.
Muy lindo post, francamente es un guto leerte.
Y para Amorexia: habrá sido la foto lo que te hace pensar que son emos?? jajaja

Kt. dijo...
11 de septiembre de 2008, 6:07

.

Jajajajaa que de cierto tienen tus palabras.... es lo que pasa cuando somos más cerebrales que viscerales!!!

Y al final.... nos encanta vernos atrapados en el juego del amor!!!

Me encantó!!!!

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Perfume de un beso.