Psicología del "Hubiera"

la región del pluscuanperfecto del verbo haber es de las más sencillas de nuestro paradigma, al menos para los que en el colegio batallamos para que nos entraran todos los tiempos verbales que entran en el bachillerato. sin embargo, es tierra inhóspita y a veces maldita en la vida real, porque en algunos casos es la mejor manera de plantear una terreno que por cobardes no pisamos.

no siempre sucede así, claro está, primero porque siempre todo es relativo, y segundo porque también podemos cambiar las preguntas a nuestro antojo. ella, por ejemplo, se cuestiona qué hubiera pasado si se cuidaba esa noche. probablemente hoy estaría trabajando como antes, con más plata que ahora, sin aquellas tetas gigantes colgándole. pero tampoco tendría una razón tan poderosa para despertarse cada mañana.

él se pregunta qué hubiera pasado si escoge esa otra carrera, la que su papá quería. seguro hoy tendría más plata, pero no se le iría la vida por la pura pasión de enterarse de los hechos de primera mano y el enorme placer que le da escribirlos para la gente.

la lista de los hubiera se va haciendo cada vez más grande conforme crecemos. a veces vemos para atrás y agradecemos no haber pasado del pluscuanperfecto al pasado simple. pero no siempre somos felices con la decisión que tomamos. por suerte, para consolarnos en esos casos, la "gente hubiera" ha inventado frases como "seguro no convenía", "si no pasó es por algo" o simplemente "no era el momento".

dar un beso es de las acciones que no deberían conjugarse en modo pluscuanperfecto. porque de por sí el final feliz de un beso no es felices para siempre, ni siquiera juntos por un tiempo. el final feliz de un beso son estrellas y chispas encendidas. y eso es lo que nos mantiene vivos, de una u otra manera.

un beso entre vos y yo hubiera tenido tanto de eso....

Gritar o hablarse quedito


Una amiga me acaba de mandar esto y lo quiero compartir por aquí porque me parece precioso:



¿Por que la gente se grita cuando está enojada?

Un día un sabio preguntó a sus discípulos lo siguiente:

- ¿Por qué la gente se grita cuando está enojada?

Los hombres pensaron unos momentos:

- Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos.

- Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? - preguntó una vez más ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?

Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

Finalmente él explicó: - Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego preguntó: - ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, por qué? Pues porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

Continuó: - Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo.

Así es como se comunican dos personas cuando se aman.

Luego el sabio concluyó:

Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

...para no verte tanto....para no verte siempre....




El tomo un bus una mañana de martes, luego de almorzar y ponerse la mejor de las colonias. Por un día que faltara a trabajar nadie se iba a morir. Iba en uno de esos buses viejos, un Blue Bird azul, que lo tendría en una hora y unos pocos minutos fuera de San José, al lugar a donde lo llevaba el deseo con un suspiro contenido en la boca y un latido irregular en el corazón.


“Jueputa bus más caliente, ojalá no me sude mucho”, pensó.


Después de un poco más de lo planeado en llegar (el tiempo se distorciona cuando algo bueno se espera con muchas ansias), llego a San Ramón cerca de la hora del café, bajó del bus deseándole al chofer que los santos lo acompañaran, y no recién puesto el primero de sus zapatos en el suelo Ramonense, vió como ella se acercaba con una sonrisa como de vergüenza y amor en su rostro, mirándo a los lados, y aparentemente nerviosa, hasta que le tomó sus mano y le devolvió a la realidad


“mi vida, tardaste bastante...”


“ah, sí, es que el bus duró una eternidad”


“al menos estas acá para tomar café conmigo...”


“si usted pone el café, podemos pasar a comprar pan ..”


Y entre sonrisas y vistazos de reojo, y un par de temas en una conversación que en nada tenía que ver con lo que sus corazones deseaban, atravezaron el parque tratando de disimular, sin tomarse siquiera de la mano, sin decirse cuanto se necesitaban, pues lo prohibido es juzgado y muchas miradas los seguían mientras avanzaban


Que par de tontos! Si el amor y el deseo nunca se pueden disimular!


“Acá vivo yo”, le dijo mientras le abría el portón de una casita pequeña, con un corredor de lozas rojas que denotaban haber sido enceradas ese mismo día. Sobre las verjas colgaban helechos, plantas delicadamente cuidadas, un par de calcomanías que decian algo así como “somos católicos, no insista”, y en la entrada, casi tocando una cruz hecha con hojas secas de palma, una guaria morada inmensa recibía a los visitantes con la típica fragancia de una flor que para el se asemejaba mucho a la visión que de ella había tenido el día que la conoció.


Venía saliendo de clases en la UNA. Tenía prisa por tomar el bus, y no advirtió de primera instancia a la muchachita rubia que al sentarse le sonrió. Como era tarde y su relojo hacía una semana había fallecido ahogado en un viaje a la playa, tuvo la excusa perfecta para platicar con esa niña que lo miraba con arrogancia y gracia, directo a los ojos, pero de vez en cuando trazando una linea escapada a esos labios carnosos cubiertos por una barba de dos días sin rasurar, que desde el primer instante deseaban que ella solo se callara y acercase su boca a la suya....


Y ahora, tres meses después, estaba ahí, a muchos kilometros del caprichoso lugar donde la había conocido, bastante nervioso pues anteriormente solo la había visto un par de veces, y nunca se había animado a darle siquiera un beso. Pero ahora ella y su sonrisa envuelta en un vestido a media pierna, floreado y travieso cuando el aire lo golpeaba, lo invitaban a entrar y sentarse, que total ya era hora de tomar café.


El yodo ayudó mucho a relajar los nervios. Quería besarla mientras las galletas con mantequila y el pan con jalea de guayaba se deslizaba en su boca. Ella por otro lado no podía apartar la vista de sus labios, y se contenía en la silla a su lado, riendo bajito, en medio de frecuentes silencios algo incómodos, muy comunes en la gente enamorada que no sabe como acercar su cuerpo al de la otra persona.


Al terminar el café, que hacía ya rato se había enfriado en sus tazas, se levantaron y llevaron los trastes que utilizaron al fregadero. El iba a comenzar a enjuagar una taza de porcelana roja, cuando una pequeña mano contuvo la suya entrando al chorro de agua.


“tranquilo, yo los lavo”


Y el solo pudo sonreir. Hasta idiota se sentía de no ir un poco más allá luego de tantas conversaciones telefónicas que acababan casi cuando el sol iba a aparecer.


Estaba a punto de abandonar la cocina y ya se encontraba entrando en la sala cuando algo muy fuerte le hizo dar la vuelta, perdio la conciencia unos pocos segundos, y sin pensarlo la sorprendió al abrazarla con ambas manos por el abdomen, de espaldas a el, para luego depositar un beso que más bien fue un mordisco sin dientes, ahí en la parte donde termina la oreja y el cuello comienza


“gracias, amor..”, le dijo, y la soltó mientras ella con los ojos cerrados dejaba caer un pequeño plato al fondo del fregadero.


En su cuarto había de todo. Desde peluches dados hacía tiempo por novios de los cuales ya ni siquiera recordaba los nombres, hasta la foto de la niña que hacía 20 años posaba para una graduación en el jardín de niños. Había un ropero negro, de madera pesada, quizá algúna herencia familiar, y a su lado, un televisor sobre una mesita ubicada justo frente a la cama donde ella se había imaginado tantas veces que eso sucedería. Pero de imaginarse a tener al hombre que escuchaba cada noche antes de dormir, había un trecho enorme que hoy parecía increíblemente pequeño.


El deseo estaba en la carne. Y ella lo sintió cuando se abrazó a su pecho y rozó su cuerpo que ya no podía disimular las ansias contenidas desde mucho antes de tomar ese autobús. Sintió el vello masculino entre las manos cuando sus dedos se colaron por los botones de su camisa, y casi podía a su vez sentir los latidos de un corazón que ya no cabía y que en conjunto con cada uno de sus órganos gritaba por hacerla suya en ese preciso instante.


Otro de esos silencios se hizo por un momento. Movió un poco su cabeza, y pudo clavar sus ojos en esas pupilas café claro que la jalaban hacia el. Acercó aún más su cuerpo, y dejó que sus manos y dedos lo tomaran del cabello, mientras sentía como su barbilla sin rasurar clavaba pequeñas espinas en sus labios. Y todo fue sentir, porque para ese momento sus ojos estaban completamente cerrados, y se permitía abrigarlo con la piel, oler su respiración cercana, y percibir por un momento un suspiro antes de que su boca quedara prisionera en el primero de muchos besos con que el rompería tres meses de deseos y miedos.


Ya no titubeó más. La tomó de las caderas y la colocó sobre su vientre. Las bocas, los labios y las lenguas saboreaban salivas mezcladas entre respiraciones alteradas y caricias ansiosas. Reventaban desde antes de tocarse por primera vez, y eso hizo que todo fuese fácil y sencillo, como si se hubiesen amado muchísimas veces antes de aquella ocasión.


Sin verguenzas, sin pudores y sin preguntas. Ella simplemente deslizo su cuerpo hacia adelante hasta perder de vista la cara de su hombre entre los pliegues de su vestido. Se dio media vuelta, desabotonándole lentamente la camisa. Contempló el tórax y pasó sus dedos sobre el. Se mordió los labios como cuando algo nos incita a morder, y comenzó a besarlo pausadamente mientras con sus manos trataba de liberar la faja de esos jeans que la pasión abultaba. En el momento en que los pantalones cedieron, sintió como el, con los dientes, apartaba la única ropa que cubría su sexo, húmedo hacía ya rato y deseoso de esas caricias y ese contacto caliente que ya pasaba de ser un deseo a convertirse en necesidad. Sus párpados cayeron cuando su lengua la tocó.


Lo sintió dentro de ella, dentro de su intimidad, dentro de su boca, en las palmas de las manos, recorriendo sus muslos y su espalda. Lo sentía en el cuerpo y casi se podría decir que lo sentía en su alma. Cerraba los ojos y acariciaba sus muslos, en uno de muchos intentos por no gritar y desahogarse. Pero el pueblo es pequeño, tiene ojos en cada acera y en cada pared, y el placer debía ser callado, o al menos bajito.


Sus piernas temblaron aprisionándo sus rasposas mejillas, y su sexo se hizo líquido en su boca hambrienta en el primero de los orgasmos. Las ansias acumuladas provocarían lo mismo de su amante. La mezcla de sensaciones era grandiosa. El cerraba los ojos y escuchaba sus gemidos, extendia sus manos y podía sentir sus costillas contraerse al respirar, abría sus ojos y veía sus espalda, su nalgas, incluso parte de su cabello. Entregada a el en carne, eran pertenencia mutua los cuerpos y los fluídos.


Hundió su mano en un costado del colchón un momento antes de terminar...


**********************************************************************


Ella lo acompañó hasta la puerta, y lo abrazó sin poder besarlo, con silencios largos de nuevo. Tontos, muuuuuuuy tontos! Aún no se daban cuenta que el amor y el deseo no se pueden ocultar.


“amor, tranquila yo sé donde queda la parada”


“me vas a llamar cuando llegues??”


“claro”


Y ya en ese momento le importó poco si los veían. La beso con intensidad y ella cedió. Luego de una tarde completa de amores, sexo y sudores, un beso cerraría el ciclo que un beso comenzó.


Caminó hacia el portón, y ella lo vió alejarse sonriéndole. Ese hombre la amaba, y ella tenía la seguridad de que eso que la golpeaba dentro de su pecho no era solo un simple cariño. El por su parte no sentía el cansancio en su cuerpo. Sus pulmones se llenaron del aire más dulce que jamás hubiesen aspirado, y cuando al fin la perdió de vista pensó que talvez esa aventura valía la pena, que no todo era tan imposible ni tan imperfecto. Ella sería para él si hacía las cosas bien.


Toooooooonto enamorado. El amor crea al héroe...y también al imbécil.


Cerró la puerta, y se dirigió a la cocina con un par de lágrimas atravezadas y molestas. Los puños dolían de lo apretados que estaban. El hombre querido se marchó hace un momento, y con el se llevó mucho más de lo que ella hubiese querido entregarle. Porque ahora no sabía con que cara sonreirle al hombre a quien le debía compromiso, ese que la visitaba una vez por semana, que la cambiaba los viernes por las cervezas con los amigos, los domingos por los partidos de futból, y el resto de la semana por el trabajo y los estudios. Como decirle “te amo” a alguien con labios que aún recuerdan el sabor de otro cuerpo??


El amor y el deber a veces no van de la mano. Y las manos a veces suelen soltarse si no se toman con firmeza.



Tómame o déjame


MusicPlaylist



Me casé con tu padre en un día muy frío, como hoy. En vez de arroz, cientos de burbujas de jabón chocaron en nuestros rostros. Tenía yo 38 años cuando decidió irse a Nicaragua a trabajar por nuestro futuro. En ese momento pensé "¿Futuro? Pero si estamos bien y no hemos podido tener hijos... ¿Futuro?", pero no dije nada. Pensé que sería mejor dejarlo seguir su sueño y tal vez la distancia traería un poco de frescura a nuestro matrimonio. Nos comunicábamos por cartas constantemente. Así me iba relatando su apacible vida, buscando un lugar dónde vivir, dirigiendo la sucursal de Nicaragua. Un año después, la regularidad de las cartas empezó a mermar. La frecuencia disminuyó al mismo tiempo que su longitud y su nivel de detalle. Yo lo sabía, ¿cómo no habría de saberlo?

Finalmente, recibí una carta un tanto dolorosa. Ahí me explicaba que Lucrecia, la muchacha humilde que limpiaba en la empresa, había empezado a ser más que una amiga. Sí, de momento me tuve que sentar. Doblé la carta a la mitad y lloré por unas dos horas. Esa noche no pude dormir. Me atacaba la letra de todas las canciones de despecho que había oído en mi vida, me revolcaba en la cama cayendo invariablemente en su espacio, me ahogaba, sentía llover... Me levanté a tomar té verde, me lo recomendó una amiga. Ni siquiera el té de tilo fue suficiente. Pero no lo pude odiar. Por un momento, me detuve a pensar y comprendí que tampoco fue fácil para él botar casi 20 años de matrimonio. Le escribí una carta sin rabia, sin rencor, sin celos. Creo que la escribí con amor puro. Le dije que me siguiera escribiendo. Quería seguir siendo parte de su vida, y que él, en forma de papel, la siguiera siendo de la mía. Fue un poco difícil para ambos, él no quería que sus cartas me hicieran sangrar, pero poco a poco fuimos tomando confianza en nuestros nuevos papeles. Él era feliz, y eso me bastaba para serlo yo también. Nunca necesité nada para mi felicidad, más que la sensación de irradiarla hacia los otros.

Seguí con mi vida y así pasaron 2 años. Me dijo que Lucrecia estaba embarazada. Celebré que pudiera tener descendencia, que conmigo no lo habría logrado. Sentí un poco de envidia, también. Me hubiera gustado ser su madre, estar con el pequeño bebé, que llevara mi sangre, parte de mí. Pasaron 3 meses.

"Estoy enfermo, Isabel...", escribió. Tu padre siempre siguió mandando dinero, así que tenía bastante ahorrado. Pero él no. Gastaba cuanto recibía en su nueva casa, su nueva familia. Y estaba enfermo de gravedad. En su carta me pidió un favor que durante un momento tuve que pensar. ¿Sería yo capaz de lograrlo? Gracias a Dios acepté y arreglamos todo, pues apenas 4 meses después, murió.

El día que Lucrecia llegaba a Costa Rica, la esperaba sentada con unos cuantos regalos. Tu padre me encomendó cuidar de ella y del bebé que traía. Nos reconocimos inmediatamente cuando bajó del bus, tan asustada... Tan avergonzada. Apenas nos vimos corrió a abrazarme y lloró. "Es casi una niña", pensé.

Así, Lucrecia tuvo una hermosa bebé. Y, 23 años después, esa hermosa bebé es toda una señorita. Creo que el perdón es la más grande expresión de amor, recordalo siempre. Si no fuera por el perdón, no te tendría aquí, a mi lado, no sería tu abuela. El matrimonio es difícil, si lo sabré yo, pero el saber perdonar de corazón es uno de los ingredientes para ser felices, porque olvidás los enojos, las penas, y solo te queda el amor en su estado más puro.

Por eso... ¡¡Salud!! Y que vivan los novios!!!!

Un beso


El video no se puede copiar, pero se puede ver AQUI.

Con y sin nostalgías.


y es que te pierdo y no
y sin buscarte
regresas a mi orilla, hacia mis manos
porque te amo y no
y entonces partes,
cuando mas te necesito yo a mi lado
porque te espero y no
y nunca tornas,
ni retornas nunca sobre tus propios pasos
porque te odio y no
y así me canso
de estar y ya no estar sin verte nunca
porque te importo y no
y así es el juego
cuando te vas
perdí perdiendo me persigues
porque me muero y no
y hoy esta el cielo
como mis ojos, apunto de llorar de tristes
y estas y no estas
y cuando esto sucede y no
existo y no existo
y quiero existir, pero no quiero...

Sin Beso Ni Perfume


Ultimanente estoy amaneciendo con los labios secos. No he tenido besos para beber de noche. Tampoco de día, pero para eso está el fresco de tamarindo, el té verde...y cuando hace mucha pero mucha necesidad: el té de tilo.
Tengo otros síntomas: sudoración nocturna, humedales ansiosos, escribidera de poemas cursis, hueco en la panza, nudo en la garganta, revisión contínua de facebook, e mails, contestadoras telefónicas ( fijas y móviles) y demás artilugos que virtualmente acercan a la gente...sobre todo a la que sé hoy huele a mar...

Ay , el mar....hoy tengo ganas de mar.


Julia

La caricia mas profunda.


En tus ojos se aparece mi fantasma
tus lágrimas son sentimiento y sueños que se pierden
la mueca en tu boca es el beso ultimo que no nos dimos
y las palabras que anudaste para no decirme...
Yo te miro desde lejos en tu habitación
soy oscuridad a oscuras desde el sitio mas triste de la noche
me uno al peso de la misma y caigo sobre tu sueños
tus sollozos liberan pequeñas mariposas azules
que estallan contra el techo
Y yo sigo siendo tu fantasma
mantienes el silencio para sentirme y no lo haces, soy silencio en silencio
un recuerdo que desatas, te miro olvidarme, hasta el nuevo recuento...


Y es que como podré decir que pasamos desapercibidos en nuestras vidas?
como poder decir que no me extrañaras más?
acaso no llene tu cama de pétalos de beso antes de que te acostáras?
acaso no te regale mis ojos cuando veías el reflejo de el Cinturón de Orión en ellos?
acaso no lleve arena a tus pies el día que no pudiste visitar el oceáno cósmico?
y te regale hojas secas?
y te robe uno de varios pares de aretes?


Acaso no te susurre en la boca la caricia mas profunda?
y plante un jardín con mis labios por tu cuerpo?
acaso no enrede mi aliento con el tuyo y dibujamos medusas azules en el viento?
será que el olor a madera de tu piel no fue capaz de retener mi vida frágil en el tiempo?
el tiempo ese maldito!
la vida esa miserable!
trascendimos el universo hasta el encuentro
y hoy tan solo de un soplo debo irme!


Tu beso me ata nuevamente al delirio
decido no dejarte y creo
mas me llaman de lo incierto
te dejo atrapada en una tristeza desolada
me llevo mi fantasma
te dejo mi deseo de el olvido

Los Amantes del Círculo Polar


MusicPlaylist



_Ma, mirá, la vecina me regaló esta muñeca.
En un arranque de cólera, me dio una cachetada. La muñeca cayó al suelo.
_¡¡No vivás mendigando los juguetes de los demás!!
Era solo una excusa. La cachetada significaba más que eso. Significaba vergüenza. Inaudito. Insoportable. Una muñeca ajena. Así aprendí a no aceptar nada que viniera de afuera.

_Ma, quiero un vestido de princesa.
En un arranque de cólera, me dio una cachetada.
_¡¡No sos una princesa, somos pobres!!
Era solo una excusa. La cachetada significaba más que eso. ¿Una princesa? ¿Será que no ve lo que es en realidad? Así, aprendí a no soñar alto; a no soñar del todo.

_Ma, en la escuela...
Ya lo sabía. Ya habían pasado años, y se pudo controlar. No me dio una cachetada, como de costumbre. Solo explotó:
_¡¡Defendete!! Yo me he defendido toda la vida...
Era solo una excusa. El enojo significaba más que eso. ¿Cómo enseñame a defenderme? Se dio por vencida, ya no podía luchar. Las cachetadas en mi infancia, los gritos, nada logró que fuera lo que siempre soñó.

Y pasaron los años. Y crecí. Viví en un capullo toda su vida, pero aquella noche, finalmente empezó el proceso. Todo empezó con Noel León. Él me ayudó a salir del capullo, hizo que extendiera mis alas, que las amara, y que notara lo preciosas que eran. Me llevó a su casa, y me dio unas medias de seda, una minifalda y una blusa roja. Por primera vez me sentí yo misma. Dejé de ser Aron, para convertirme en Nora. Salimos a pasear. Un suave maquillaje cubría mi rostro y era suficiente para hacerme sentir hermosa.

Así, cada noche, me ponía una máscara... Una máscara que era un reflejo de lo que ocultaban mis rudas facciones. Y era feliz... Caminaba, reía... Pero quería más... No me sentía una mujer completa... La terapia de hormonas es muy cara, y mis papás no estarían dispuestos a pagar.

La noche en que les dije lo que me ahogaba desde hacía tanto tiempo, ambos me golpearon. Hicieron un nudo con algunas de mis cosas y me echaron de madrugada, para que los vecinos no se enteraran. Completamente sola y desamparada, solo tuve una opción.

El primer hombre con quien tuve sexo se llamaba Otto. Era un viejo gordo y sucio y recuerdo la sensación de miedo y asco que me invadió durante las dos horas que estuve con él. Poco a poco, todo se hizo más soportable. A veces debía volver a mi casa a cambiarme, porque algún gracioso me tiraba huevos, me insultaba o incluso me escupía. Una vez, incluso, me empaparon con orines. Fue por eso que aprendí a llevar un puñal en mis piernas. Era un mundo peligroso, pero necesitaba el dinero, y nadie contrataría a los restos de una oruga que estaba a punto de alcanzar su sueño.

Pasaba los días encerrada, temerosa. No quería salir y que la gente me mirara, me señalara. Que el carnicero, el que le pega a su mujer, no me vendiera por sucia. Que el pulpero, que aveces me besaba en las noches, me dijera "Aléjese". Que la estilista de la esquina, cuyos hijos no son de su padre (y parece que solo él no sabe), me señalara como un mal ejemplo. Que todos aquellos que tenían pecados señalara los míos para verse menos infelices.

Si de algo me arrepiento, es del dolor que les causé a mis padres. "Siento haber sido su enemigo fiel, ahora tabú". Porque ya no hablan de Aron, porque él no existe. Porque su felicidad se fue apagando al creer que habían cometido errores gravísimos...

Pero si perdí su amor, gané el más fuerte que he tenido en mi vida, Noel. Fue él quien me impulsó a ser yo misma, a ser feliz... Y me propuso ser feliz con él para siempre.

_No quiero atarte a mi vida --le dije.
_Quiero estar atado, quiero estar con vos hasta que muera.
_Pero vos sabés... que yo vivo de noche, seríamos nocturnos de por vida.
_No me importa. Viviremos en los polos. Cuando se haga de día en uno, viajaremos para pasar 6 meses de oscuridad en el otro. Porque la luz no me hace falta. Vos sos toda la luz que necesito.

Y así, hemos pasado 20 años juntos hasta el día de hoy, los amantes del círculo polar, en nuestra propia noche eterna.

Imagen gracias a LaRebulera en DeviantArt.com

Los perfumes de mis besos




Mi padre me besaba con perfume a tabaco. Me cargaba por la casa en sus brazos, quizás con unos dos años de edad, y cada vez que yo veía descuidado alguno de los adornos que el “sin intención” me señalaba, caía de nuevo en la trampa, y hundía su barbilla llena de vellos de dos días en mi cuello provocándome la risa.


Yo sabía que él lo haría…y aún así no podía dejar de ser su cómplice, y hacerme el desentendido hasta que volviese a repetir sus ataques.


Ya mi padre y yo no somos de mucho beso, pero cuando veo su barba recién rasurada, sé que algo hace falta en la escena.









A mis hermanos y a mis amigos los beso en abrazos fuertes, largos y llenos de orgullo. Es un idioma aprendido a través de los años, y que dice cosas como orgullo, cariño y aprecio envueltas en un par de palmadas en la espalda.

Esos besos que no son besos pero son abrazos, tiene perfume a nostalgia, a travesuras de niños, a exnovias y aventuras, a escapadas en el colegio, al primer cigarrillo, a la primera borrachera, a el primer pleito y a canciones de los Cadillacs. Con mis hermanos, el perfume huele a lágrimas, a dolores comunes, a fuerza y apoyo, a ojos orgullosos que nunca se dieron por vencidos, y sobre todo, a risas por un futuro que será mejor para todos.

A la hora de despedirse, esos beso-abrazo siempre dicen algo que es más o menos como "pronto volveremos a estar juntos...por favor cuídate mucho"

De verdad la familia trasciende a la sangre y en ocasiones la supera.





Mi madre y mi abuela me besan con perfume a necesidad y cariño. Ambas son idénticas, y no lo supe hasta que escribí estas letras. Las dos colocan sus manos alrededor de mi cuello y nuca, me jalan un poquito para que pueda llegar mi mejilla a sus labios, y sus manos se sienten tibias, suaves y cariñosas. Luego de lo cual proceden a verme con ojos casi siempre cristalinos, y me dan un abrazo firme, fuerte y extenso, mientras mis brazos las rodean completamente.


Mis viejitas besan incluso a la distancia, con cada llamada, con cada “cuando vas a venir por acá”, “cholo, vieras que hice tortillas”, “y qué? Esas novias?”…


En todo caso, en ellas el cariño es algo genéticamente paralelo, que se transmite de la misma manera de una generación a otra. Y hasta hoy lo vi de esa manera (no saben la sonrisota que me da pensar en esas casualidades!!)






Besé a Tatiana con perfume a Marlboro Light y zacate recién cortado de la cancha del Liceo. Pocas veces se siente tantísimo miedo como antes de unirse a el primer amor. Y creo también que pocas veces he besado tan mal a una mujer.


De Tati solo puedo decir que ella siempre me besó con perfume a “no me dejes, que debajo de esta sonrisa lloro todo el día”. En sus besos había miedo, necesidad y orgullo. Pero muy poco amor, o al menos eso yo sentía.


Nunca dijo palabras de cariño. Nunca supo más que quedarse muda. Incluso el día en que le dije que ya no daba para más. Solamente camino lejos de mí, sabiendo que nunca más volveríamos a tener sonrisas comunes. Y lloré mucho, pero de amor a la libertad..o eso quería creer ….


Por unos días quedé en un limbo acerca de si había tomado la desición correcta. Hasta el día que su padre la castigo y envió lejos, luego de encontrar su cuarto tapizado con mi nombre en las paredes, en el piso, en los cuadernos, en su colchón, y en cualquier rincón que tuviese un espacio libre.


Nunca supe que yo era tanto para ella…Nunca supe que yo era su mundo. Ella nunca lo dijo y yo nunca lo supe leer.


Ese día, el perfume ácido de el remordimiento me dijo que ella me dolería por muchos años…muchos más de los que jamás espere…






A ella la besaré algún día con perfume de hombre enamorado. Llevo ya algún tiempo pensando en como he de sostenerla, que mano detendrá su espalda, y de que lado inclinaré mi cabeza. Me pondré mi mejor colonia, mi mejor camisa y mi mejor sonrisa. Demoraré hasta rasurarme a la perfección, y tomaré un bus para postergar unos segundos más ese encuentro, y planear las palabras que al final las ansias no me dejarán decir.


Pero cuando ella se pare frente a mí, con esa sonrisa bella, los labios humedecidos, y rubor de corazón agitado en sus mejillas, el perfume me envolverá y atontará, me dejaré caer sin tocar el suelo, y terminaré de darle el beso que empezó desde el día que la tuve por primera vez frente a mí y supe que ella podría ser.


Para ella preparo el mejor de mis besos. Para ella preparo lo mejor que hay en mí.






A mi hijo lo besé la primera vez con perfume de miedo e inexperiencia. Y talvez sean los suyos los besos más cambiantes de todos.


Algunas veces lo beso con perfume a “mi amor, te extrañaba..”


Otras el perfume sabe a helados y películas Disney


De vez en cuando, el beso huele a “sé un mejor niño, hazle caso a tu madre”


En otras ocasiones, el perfume dice que ha crecido y que me reflejo en el.


Muchísimas veces, el aroma cuando lo beso le pide que crezca y sea un gran hombre, que no siga mis pasos, porque ya muchos hemos sufrido antes para que el pueda sonreír.


Un par de veces lo he besado con vergüenza, deseando ver en él la fuerza que yo en algún momento no tuve, y que tome un camino totalmente distinto al mío.


Pero siempre, siempre, en cada beso que le doy, va mucho orgullo y amor.


Mucho amor.


Y me pregunto una cosa…


Cuando el sea un hombre….extrañara mi barba sin cortar por dos días hundiéndose en su cuello???




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Perfume de un beso.